Capítulo#17
-Bipolar feelings-
-¡Nicholas! - Grité al observar por mi balcón como Nicholas tropezaba con algún objeto invisible para mi vista desde esa distancia y caía sobre el pasto de aquel gran jardín.
Comencé a reír al darme cuenta que el también reía.
El cielo ya estaba bastante obscuro, la destellante media luna ya impregnaba a todos su brillo flamante, llamando toda a atención de esa noche. Y sin embargo había demasiado nubes para mi gusto.
Bajé las escaleras corriendo y pronto me encontraba ayudando a Nicholas a ponerse de pie puesto que el muy lindo seguía tirado en el verde oliváceo césped que adornaba el jardín, sin importarle en lo más mínimo que Elvis -Su perro- le lamía sus pies descalzos.
Tomó mi mano.
-Gracias- agradeció.
Sonreí perversamente, pero el no pareció darse cuenta.
-Es impotente pensar que después de realizar una buena una buena acción, realicemos una mala.
-No entiendo- Se quejó, notoriamente desorientado mientras se acostumbraba de nueva cuenta a su propio peso sobre sus piernas.
-No, no es malo- Continué- Es tan solo... una travesura.
-¿Una trav..
Estallé en carcajadas. Lo había empujado por la espalda provocando que este resbale y cayera directamente hacia la alberca. ¡Todo me dio gracia! La forma en la que quedo su cara al repentinamente todas sus facciones cambiarse de susto al sentir el empujón, la manera en la que me miró, la manera en la que cayó...
-Me las pagarás-
Amenazó mientras velozmente se acercaba nadando a la orilla para poder salir de la alberca.
Eché a correr pero fue inútil, incluso con la ventaja que le llevaba el me alcanzó. Era veloz, demasiado veloz. Pero también tenemos que aumentarle aquella ventaja de estatura.
Mientras reíamos sentí sus, a pesar de mojadas, cálidas manos rodear mi cintura y pronto, mientras corríamos resbalamos ambos.
Me había atrapado.
Aún peor, me había atrapado y empapado producto de caer encima de su empapado pero fuerte y bien formado torso. Rodé rápidamente para quedar en vez de encima de él, a un costado y ambos estallamos una vez más en carcajadas.
El sonido de mi celular nos interrumpió y asustó.
Reímos una vez más al ser consientes de nuestra estúpida reacción.
Mire el celular para poder descifrar en remitente.
-¿Qué sucede Frankie? -
Pregunté algo agitada mientras me sentaba en el pasto.
-¡Dianna! - Saludó con su hermosa vocecita.
-¡Frankie! Imité su gran emoción.
Lo escuché reír del otro lado de la línea.
-¿Pasa algo? - Pregunté al término de su última risita.
-Joe.
-¿Joe?- Cuestioné repentinamente tensa.
-Joe no ha venido por mí cuando se suponía que hace media hora que estaría aquí según lo que me dijo Mamá.
-¿Dónde estás bonito? -
Sentí la penetrante mirada de Nicholas sobre mis ojos.
Estaba repentinamente tensa, justo como ya he señalado. ¿Y su le había pasado algo a Joseph? ¿Qué haría? ¡No le podía pasar nada! Tomé la diestra de Nicholas con mi izquierda. El me brindó un reconfortante apretón en mi izquierda.
-En Peter Piper Pizza- Aclaró- pero como hace 10 minutos que se fue el último de la fiesta de Baquedano y...
-¿Baquedano? - lo interrumpí confundida
-Si... Baquedano, si lo conoces...- Dudó unos segundos- ¡Ah! Ya sé que pasa, seguramente tu lo conoces como Fernando.
-¡Fer!
-Si, Fer, es que tú sabes, todos lo llamamos Baquedano porque así se apellida. ¿Si, de verdad te acuerdas de él?
¡Claro que me acordaba de Fer! Varias veces había llevado a Frankie a la casa de ese pequeñín morenito con sus mejillas extrañamente rosas, rosas cosa que lo hacían ver aún más lindo de lo que era.
-¡Claro que sí! Pero, dime, ¿Ya le llamaste a Joe? - Pregunté desesperada al recordar el tema.
-Sí, pero me manda a buzón... lo peor es que Baquedano ya se tiene que ír-
Su tono de voz sonó de una manera tan tierna y tan triste...
-Hummm... ¿Me pasas a la mami de Fer?
Mr Jonas.
-¡Tefi! Enserio, de verdad necesito mi celular.
-Pero Joe, es que al mío se le acabo la batería.
-Tefi, por favor.
-Por favor tú Joe. Te prometo, no, no, te juro que mañana te lo doy.
-¿Tienes mi chip?
-Lo puse en tu cartera.
-¿Mi cartera? ¿En qué momento...
-¡Aquí es! - Me interrumpió- Gracias precioso.
Me miraba de una manera tan extraña. Yo estaba sentado en el lugar del conductor y ella a mi lado, en el asentó del copiloto.
Se inclinó ligeramente hacía adelante dejando ver entre el gran escote de su vestido amarillo un sostén negro y... parte de sus pechos.
Intenté no mirar hacía, bueno, hacía sus pechos pero me resulto tan difícil... de igual manera solo lo intente una vez y si mis ojos no respondieron, no fue mi problema.
-Yo... yo...- Titubé
-Tu nada- Indicó
Paso sus 2 delgadas manos alrededor de mi cuello y pego sus rojos y carnosos labios a los míos.
Estoy casi seguro de que no era yo el que me auto-controlaba.
Sus labios se movían velozmente sobre los míos mientras su lengua se abría paso entre la mía.
Era un beso tan desesperado...
Tomó mi diestra y la colocó en su muslo izquierdo levantando así su vestido en gran proporción. Le estuvo insistiendo a mi diestra que acaricie toda su pierna hasta que lo logró. Solo así soltó mi mano y subió la suya hasta los primeros 5 botones de mi camisa, de los cuales desabrochó 3 puesto que 2 ya estaban abiertos desde que me coloqué mi camisa esa tarde.
Le dio un pequeño mordisco a mi labio inferior antes de alejarse completamente de mí.
Mi respiración estaba más que entrecortada y ni hablar de mi ritmo cardiaco en ese momento.
-Adiós guapo- Se despidió mientras de me observaba de pies a cabeza y mordía su labio inferior dándome un sentimiento indescriptible pero que... ¿Me provocó? Si, exacto, me provocó pero sin embargo logré controlarme y la dejé bajar del auto.
Abroché 2 de los 3 botones que ella desabrochó mientras la miraba entrar por la puerta de su casa.
Suspiré.
Si, si, al parecer estaba enamorado de ella... Y quizá, de verdad yo era el que me auto- controlé durante ese beso.
Eché un último vistazo a la puerta que se acababa de cerrar detrás de ella.
Comencé a manejar velozmente hacía mi casa mientras estúpidamente pasaba una y otra vez mis dedos por mis labios, intentando así al menos, poder guardar ese momento en mi mente.
Si, si, estúpido acto como he dicho, pero, al menos se puede decir que soy un estúpido de amor, un enamorado en otras palabras... porque, los enamorados se comportan como estúpidos, ¿cierto?
La luz del semáforo volvió a ser verde antes de que arrancara nuevamente.
Sentí un par de gotas sobre mi izquierda que se recargaba apenas un poco por fuera del coche.
Llovía. Un milagro.
Escuché un ruido ensordecedor que me regresó a la realidad. Sí, me habían sonado un claxon.
-¿Qué te pasa estúp...- Me detuve.
Nicholas. Pude ver a Nicholas por mi espejo retrovisor izquierdo.
Lo vi hacerme deñas de que nos viéramos en un café que ambos veíamos como a cuadras.
Me estacioné al llegar y baje del auto.
No fui consciente del pésimo humor de mi hermano hasta que lo vi, bajar de su auto hablando por su celular pero con su mirada penetrando sobre mis ojos y sus rasgos faciales notablemente alterados. Rasgos de los cuales, el más destacado, eran sus labios fruncidos.
Me apresuré a entrar en el café. Al entrar me senté velozmente en una mesa para dos. Observé a Nicholas desde el gran ventanal con un paraguas negro en su diestra aún con su celular en su izquierda.
Leí sus labios en la última frase "No es nada, sabes que siempre podrás confiar en mí". Algo dijeron del otro lado de la línea que, a pesar de su mal humor -cosa que aún no entendía- logró robarle una sonrisa.
Dio un par de pasos y pronto se encontró en la entrada. Cerró su paraguas y un mesero lo recibió.
Rodó sus ojos hasta encontrar mi sitio de estancia.
Por un segundo nuestras miradas chocaron y pude ser consciente del odio que le provocaba a mi propio hermano mirarme. Me sentí repentinamente mal.
Nicholas se sentó enfrente de mí mientras se retiraba su saco gris. La ropa que llevaba de bajo no era la que recordaba que tenía hace un rato cuando lo vi muy junto con Diana...
Seguramente tomo una ducha, si, seguramente eso.
No me dirigió la palabra hasta después de ordenar su café que, por cierto, pidió para llevar a diferencia mía.
-Eres tan... irresponsable-
Arrastró con ganas la última palabra.
-Nicholas, ¿Qué te pasa? ¿Por qué vienes a criticarme después de pararme a media calle? -
Intentaba sonar tranquilo. Un gran fracaso tomando en cuenta que yo, ya estaba fuera de mis casillas.
-Joseph- Pronunció con asco- ¿Dónde está Frankie ahora?
-¿Frankie?
Frankie, Frankie, Frankie.
-En la casa, supongo-
-¿Supones?
-Pues sí...
-¿Dónde estabas?
-Eres un chismoso Nicholas- lo acusé.
-Seguramente disfrutando de todo lo que suele dejar ver esa tal Stephanie.
-¿De qué hablas? - Pregunté indiferente.
-Lo tomaré como un sí.
-Oye animal- Dije ya demasiado enojado- yo no me meto en tus cosas.
-El animal es otro que olvida a su hermanito en Peter Piper Pizza y que provoca la angustia de su "Mejor amiga" -
Las últimas 2 palabras las mencionó creando las comillas con sus dedos.
Mejor amiga resonó en mi mente ¡Já! Mejor amiga burló mi menté una vez más.
¡Frankie! ¡A las 7 tenía que ir por Frankie! Recordé justamente al siguiente instante.
Miré el reloj, 8:13 pm.
-¡Dios! -rezongué- yo...
-¿Sabes qué? - Preguntó Nicholas tomando su café en la diestra- Aquí te dejo el dinero-.
Asentó 5 dólares en la mesa
-Yo me voy, no vaya a ser que la torpeza e IRRESPONSABILIDAD se me peguen- Exclamó al último.
Se puso de pie y comenzó a caminar.
Lo miraba callado, con toda la preocupación recorriendo mi sistema circulatorio.
-Por cierto- comentó sin regresar su mirada hacia mí- Tenías razón, Frankie ahora si está en la casa. -
Lo observe salir de la tienda y minutos más tarde arrancar el motor de su auto.
Mentí sucio, me sentí mal.
Pero no dejaría que nadie, absolutamente nadie lo notara.
También dejé asentados 5 dólares en la mesa y salí hacia el estacionamiento sin siquiera darle un sorbo a mi café. Un flashback abrumó mi mente.
-Así es Dianna, sé que es de mala educación no tocar antes de pasar, pero con Joseph son normas que no se tienen que seguir.- Venía explicándole mi madre a alguna persona, que yo no podía ver pues me encontraba acostado boca abajo. -¡Joseph!-Gritó mi Madre- ¡Ponte unos pantalones!
-Estoy en mi cuarto, no he roto ninguna regla. - Sonreí victorioso antes de colocarme de pie y dirigir mi mirada hacia donde suponía y se encontraba mi Madre; pero solo pude encontrarme con ella. Una chica de tez pálida, cabellos color chocolate realmente lacios, unos ojos de un color similar a los de Nicholas, quizá un poco más claros y su mirada tímida. Podría jurar que esta chica es menor incluso que ¡Nicholas! ¿Por qué la comparo tanto con Nicholas? -¡Nicholas! - Exclamé al verlo entrar a mi habitación también, tenía una mirada desafiante.
-Así que amigo Joseph, ¿No rompiste una regla? -Cuestionó desafiante.
-Exactamente- Sonreí victorioso, mi madre y aquella chica misteriosa solo nos observaban.
-Si rompiste una Joseph- Reprochó sacando un pequeño libro de su bolsillo; mi reglamento. - Regla Número 3, inciso B, ‘El individuo puede andar en ropa interior en el interior de su cuarto siempre y cuando su puerta se encuentre cerrada y no se encuentre en la casa alguna persona más cuyo apellido NO sea Jonas'
-Gracias Nick- Agradeció mi Madre. Nicholas asintió con una inmensa sonrisa remarcada en su rostro y se retiro del lugar. - Ahora tú Joseph. - Me llamó. Por inda, volteé hacia ella. - Ella es la señorita Stevenson. - Esbozó colocando sus manos en los hombros de aquella chica y acercándola un poco por la fuerza ¡Vaya! Que tímida.
-Aja- Respondí secamente. - Y ¿A mí qué?
-Ella- Señaló mi madre en un tono molesto. - Será la persona que te corregirá durante los siguientes 5 meses.
-¿Qué? - Pregunté alertado y furioso. Mi madre me sonrió irónicamente, beso mi mejilla y se retiro velozmente.
-Mucho gusto Chico Jonas, Mi nombre es Dianna- Saludó aquella chica que ya estaba comenzando a darme mal aire. Extendió su diestra hacia mí a lo que yo reaccione alejándola con mi zurda.
Agité mi cabeza conmocionado por el recuerdo. Recordé mi primera impresión tímida. Recordé cuando verdaderamente la conocí y su amenaza. ¿Por qué eso había cambiado? Yo la odiaba. Recordé como estúpidamente creí estar enamorado de ella. Recordé por segunda vez en ese día nuestro beso.
Entonces recordé los pechos de Stephanie.
Si, algo morboso y suspicaz pero ella era mi chica y yo le sacaría todo el jugo a ese gran melón.
-Stephanie, ¿Recuerdas la fiesta de la que te hable? - Atropellé todo lo que sigue para no dejarla contestar- Es hoy, en una hora. Te pasaré a buscar en 30 minutos, y sí, si es en la casa de Dru.
Colgué.
Ya en mi coche tomé mis ray-ban negros y me los coloqué. No dejaría que mi estúpido hermano me hiciera cambiar de opinión ni que me hiciera sentirme mal.
Tampoco dejaría que una demente chica que en algún momento en el que me dolía mi cabeza dije que era mi mejor amiga cambiara mi forma de ser, además, de cualquier modo ella parecía estar tan pero tan feliz al lado de mi hermano...
C o n t i n u a r á . . .