Capítulo#21
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Capítulo#21
-Justin Gonzalez-
-¿Está despierto? - Escuché una voz un poco ronca pero aún así inconfundible de una mujer.
Abrí lentamente los ojos teniendo mayor precaución para no estar obligado a cerrar los ojos una vez más.
Me senté lentamente.
En frente de mi se encontraba una señora de aproximadamente 35 años, de cabello negro sujeto con una pinza y una linda sonrisa en su rostro. No sé exactamente qué diantres tenía pero verla te causaba un decline de emociones buenas.
Amabilidad, eso era lo que impregnaba su sonrisa.
-Espero que no- Respondí sobando mi cabeza con una mano. Me dolía mucho.
Aunque intenté responder de mala gana, no pude.
-Señor Jonas, no puedo creer el buen golpe que se dio ¿Ya aprendió las consecuencias? - Cuestionó mientras se iba acercando hacia mí.
-¿Las consecuencias a qué?
-Bueno... usted llegó en condiciones muy poco estables, no solo por la sangre si no... llevab muchas copas de vino...
-¿Qué me paso? - pregunté con un hilo de voz- ¿Sangre? - repetí en pregunta.
-Y alcohol. Solo quiero hacer un trato con usted... La señorita Stevenson aún no sabe que usted llegó totalmente ebrio, el doctor Paredes creyó que lo mejor era que usted, por si solo se lo dijera, pero temo que como es esencial ese punto, bueno... si usted no lo dice, yo tendré que.
-¿Señorita Stevenson? ¿Dianna está aquí? - Pregunté serio pero no negaré que en mi fuero interno un grito de alegría era proferido.
-Ella lo trajo. Vaya que usted por su gusto y afición hacia el alcohol le ha pegado un buen susto a esa pobre chica.
-Dianna está aquí- repetí aún en transa.
-Bueno joven Jonas- comenzó de nuevo pasando un paño húmedo por mi frente- Supongo que apenas salga ella entrará y... usted tendrá que explicarle todo.
-¿Al menos me dirá que fue lo que me sucedió?
-Esperaba que usted me lo explique...- Pausó mientras ahora extendía por mi piel una crema.
Intenté levantarme para detener su acto, ya que aunque hubiera querido golpearla para que se callara de una vez por todas, no podía, seguía siendo víctima de su amabilidad.
No pude hacer gran cosa, mi brazo derecho no respondió.
Fijé velozmente mi vista en él y pude notar un yeso.
-Su brazo derecho sufrió fractura, señor Jonas. - Indicó.
-¿Enserio? - Pregunté irónico.
-Si- Sonrió- Bueno, yo me retiro...
-Pero dígame por el amo de Dios que fue lo que...- Me dejó hablando solo, ella ya había salido.
Cálmate Joseph, cálmate repetía una y otra vez, cálmate.
Cerré los ojos intentando lograr mi objetivo.
//Ella.
Entré creando el menor ruido posible, incluso sin intentarlo.
Él, Joseph Adam Jonas, se encontraba sentado en su cama con los ojos cerrados, completamente en paz.
Mi vista comenzó a examinarlo sin dar ni siquiera un paso más hacia adelante.
Lentamente mis ojos iban llenándose de lágrimas, y yo a pesar de estar sumamente concentrada en su aspecto, podía notarlo.
Por su frente se extendía un tramo de 5 centímetros que estaban tapados por un vendaje blanco.
Su diestra era adornada por un yeso amarillento que le subía desde la muñeca hasta un poco más arriba del codo.
Su cabello estaba sumamente despeinado y su ojo izquierdo se notaba hinchado.
La primera lágrima comenzó a danzar por mi mejilla derecha antes de sentir el tacto de Justin, antes de que todo resultara menos malo.
Me volteé lentamente esperando encontrar esos ojitos tan profundos y obscuros que, a diferencia de la obscuridad, te daban tanta seguridad y tanta luz...
Al chocar con sus ojos lo abracé velozmente.
Lentamente me iba tranquilizando, sabiendo bien que mientras Justin se encontrará a mi lado todo estaba bien.
Mi pasada dependencia a él regreso tan veloz... y tan fuerte... estaba segura que me tomaría muchísimo, si es que lograba, poder volver a vivir sin él.
Me coloqué de puntitas para besar la mejilla derecha de Justin.
Al parecer, hice un movimiento demasiado brusco.
//Señor Jonas.
Abrí mis ojos repentinamente al soñar por vigésima vez en este mes que me caía de un precipicio.
Dicen que todos tenemos un ángel que no te dejará morir o estar en demasiado peligro mientras duermas.
Bien, supongo que él mío trabaja muy bien.
Sentí la presencia de alguien más en mi habitación.
Giré mi vista pausado hacía la puerta.
Quedé en un transe repentino.
Dianna abrazaba a... un hombre alto, rubio, y aunque me pese decirlo, muy bien desarrollado... mientras le daba un beso en la mejilla.
No podía creer lo que veía.
Ella dejo de estar en puntitas para abrazarlo de nuevo mientras regresaba mi vista a mí.
Sonrió al chocar mi vista con la suya.
TOMO DE LA MANO A ESE SUJETO y luego, camino veloz hacía a mí.
-¿Quién es ese? - pregunté de mala gana.
Pero mis malos sentimientos no duraron más, ya que al estar cerca ella me di cuenta de que ella... lloraba.
-¿Estás bien? - Corregí veloz.
-Yo... ¿Tú estás bien Joe? -
Me llamo Joe, pensé, si que debe de estar mal.
C o n t i n u a r á . . .


